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miércoles 2 de enero de 2008

¡¡La familia os protegerá de nosotros mismos!!



Estimados feligreses,

Tras el éxito de la manifestación a favor de la familia cristiana, y citando al alma descarriada de Grouxo Marx (argg, ese apellido no podía traer nada bueno), "nunca formaría parte de un club donde me aceptaran de socio", os queremos decir que la iniciativa está destinada a defenderos de nosotros, la jerarquía eclesiática. No hay nada como la familia para protegeros de nosotros mismos.

Qúe sería de vosotros solos ante nuestros pederastas. Para empezar, los menores que nos provocan necesitan un núcleo familiar para después de nuestras violaciones, en el que puedan "curar sus heridas".
Nosotros no podemos crear familias, ni casarnos. Ya lo hacéis vosotros. Eso sí, tenéis que hacerlo con nuestras indicaciones, y bajo nuesta "protección". Quién mejor que nosotros para daros lecciones de la familia. Nosotros poseemos la mastercard "verdad absoluta". Y para lo demás. está la COPE.
Y las familias de África. Qué labor más gratificante atender a sus contagiados por el SIDA, familias jodidillas por nuestro veto al condón,jeje, pero cristianas y unidas por el dolor.
Nuestras organizaciones hermanas, legionarios de Cristo, miembros del OPUS, mandatarios de honor del PP, se dedican en cuerpo y alma a difundir la verdad de la familia desde hace tantos años. ¿Verdad Sr. Fraga? Cuando le poníamos al generalísimo aquellos palios tan monos sobre él y los suyos. Eso era proteger a la gran familia de España.


¡¡La familia os protegerá de nosotros mismos!!
Rouco y los suyos.

sábado 22 de diciembre de 2007

¿Somos maletas en aeropuertos?


Hoy me he acordado de esta foto. La hice con el móvil en el aeropuerto de El Prat. Creo que son las peores esperas. Las de la vuelta de tu vuelo de vacaciones. ¡¡Ya está!! Se acabó lo bueno, pues vámonos pa casa pero por Dios!!no!! Siempre quedan la maletas o maletones que recoger. El momento en que menos te apetece socializar con la gente, compartir espacios con la muchedumbre, mirarle la cara al de al lado que no conoces de nada, en ese momento te llevan a la cinta de turno a esperar la maletita. ¡¡Quiero irme a mi casa, y que se acabe este momento interminable de tarde lluviosa de domingo!! NO!! Hay que esperar. Primera pregunta interior que acojona: ¿me habré equivocado de cinta? ¿Yellos?
Segundas preguntas de terror: ¿Mi maleta habrá llegado de la cinta de facturación al carro, de ahí al avión y del avión al carro y del carro a esta cinta, que por cierto aun no la han puesto en marcha y llevamos aquí media hora interminable??? Tercera que resume: ¿Me habrán (obsérvese el verbo indeterminado e impersonal pq hay demasiadas variables en juego no identificadas), me habrán perdido la maleta/ s??? Mientras tanto me dedico a evadirme de mi miedo interior observando los caretos de mis acompañantes de vuelo más los de los otros dos aviones con los que compartimos espera.
Curioso. Las caras de la gente que vuelve y las de las que se marchan son inversamente proporcionales. Sol y sombra. Allí claro, 30 de agosto, todo quisqui vuelve. Sus rostros están inexpresivos. Las miradas perdidas, meláncolicas, resignadas. Eso sí, fijadas en el maldito caucho giratorio. La alarma social que provoca el: "¿sabes que al vecino, primo o tite le perdieron la maleta y tuvo que ir al Corte Inglés....bla, bla, bla...". Eso es terrible. Ha hecho mucho daño. La peña cuando ve su maleta aparecer por la cortina aquella que parece que esté pasada por el destructor de documentos, la peña suspira aliviada, y contiene la alegría de ver que su equipaje está ahí, que no ha sido teletransportado a la escala de SWISS en Bangkok. Es como los padres a la vuelta de la 1ª excursión de su criatura; cuando ven bajar a su niña del autocar a las seis de la tarde. Sensación especial, sobrevenida, de sosiego.
¿Somos putas maletas?. ¿Demasiadas variables no controladas en nuestras vidas? ¿Esa es la gracia? ¿Quién mueve la cinta? ¿Y las maletas?

lunes 24 de septiembre de 2007

Einstein merece una lectura detenida ¿no?

Albert Einstein - ¿Por qué socialismo?
Monthly Review, Nueva York, mayo de 1949.
¿Debe quien no es un experto en cuestiones económicas y sociales opinar sobre el socialismo? Por una serie de razones creo que sí. Permítasenos primero considerar la cuestión desde el punto de vista del conocimiento científico. Puede parecer que no haya diferencias metodológicas esenciales entre la astronomía y la economía: los científicos en ambos campos procuran descubrir leyes de aceptabilidad general para un grupo circunscrito de fenómenos para hacer la interconexión de estos fenómenos tan claramente comprensible como sea posible. Pero en realidad estas diferencias metodológicas existen. El descubrimiento de leyes generales en el campo de la economía es difícil porque la observación de fenómenos económicos es afectada a menudo por muchos factores que son difícilmente evaluables por separado. Además, la experiencia que se ha acumulado desde el principio del llamado período civilizado de la historia humana —como es bien sabido— ha sido influida y limitada en gran parte por causas que no son de ninguna manera exclusivamente económicas en su origen. Por ejemplo, la mayoría de los grandes estados de la historia debieron su existencia a la conquista. Los pueblos conquistadores se establecieron, legal y económicamente, como la clase privilegiada del país conquistado. Se aseguraron para sí mismos el monopolio de la propiedad de la tierra y designaron un sacerdocio de entre sus propias filas. Los sacerdotes, con el control de la educación, hicieron de la división de la sociedad en clases una institución permanente y crearon un sistema de valores por el cual la gente estaba a partir de entonces, en gran medida de forma inconsciente, dirigida en su comportamiento social. Pero la tradición histórica es, como se dice, de ayer; en ninguna parte hemos superado realmente lo que Thorstein Veblen llamó «la fase depredadora» del desarrollo humano. Los hechos económicos observables pertenecen a esa fase e incluso las leyes que podemos derivar de ellos no son aplicables a otras fases. Puesto que el verdadero propósito del socialismo es precisamente superar y avanzar más allá de la fase depredadora del desarrollo humano, la ciencia económica en su estado actual puede arrojar poca luz sobre la sociedad socialista del futuro. En segundo lugar, el socialismo está guiado hacia un fin ético-social. La ciencia, sin embargo, no puede establecer fines e, incluso menos, inculcarlos en los seres humanos; la ciencia puede proveer los medios con los que lograr ciertos fines. Pero los fines por sí mismos son concebidos por personas con altos ideales éticos y —si estos fines no son endebles, sino vitales y vigorosos— son adoptados y llevados adelante por muchos seres humanos quienes, de forma semi-inconsciente, determinan la evolución lenta de la sociedad. Por estas razones, no debemos sobrestimar la ciencia y los métodos científicos cuando se trata de problemas humanos; y no debemos asumir que los expertos son los únicos que tienen derecho a expresarse en las cuestiones que afectan a la organización de la sociedad. Muchas voces han afirmado desde hace tiempo que la sociedad humana está pasando por una crisis, que su estabilidad ha sido gravemente dañada. Es característico de tal situación que los individuos se sienten indiferentes o incluso hostiles hacia el grupo, pequeño o grande, al que pertenecen. Como ilustración, déjenme recordar aquí una experiencia personal. Discutí recientemente con un hombre inteligente y bien dispuesto la amenaza de otra guerra, que en mi opinión pondría en peligro seriamente la existencia de la humanidad, y subrayé que solamente una organización supranacional ofrecería protección frente a ese peligro. Frente a eso mi visitante, muy calmado y tranquilo, me dijo: «¿Por qué se opone usted tan profundamente a la desaparición de la raza humana?» Estoy seguro de que hace tan solo un siglo nadie habría hecho tan ligeramente una declaración de esta clase. Es la declaración de un hombre que se ha esforzado inútilmente en lograr un equilibrio interior y que tiene más o menos perdida la esperanza de conseguirlo. Es la expresión de la soledad dolorosa y del aislamiento que mucha gente está sufriendo en la actualidad. ¿Cuál es la causa? ¿Hay una salida? Es fácil plantear estas preguntas, pero difícil contestarlas con seguridad. Debo intentarlo, sin embargo, lo mejor que pueda, aunque soy muy consciente del hecho de que nuestros sentimientos y esfuerzos son a menudo contradictorios y obscuros y que no pueden expresarse en fórmulas fáciles y simples. El hombre es, a la vez, un ser solitario y un ser social. Como ser solitario, procura proteger su propia existencia y la de los que estén más cercanos a él, para satisfacer sus deseos personales, y para desarrollar sus capacidades naturales. Como ser social, intenta ganar el reconocimiento y el afecto de sus compañeros humanos, para compartir sus placeres, para confortarlos en sus dolores, y para mejorar sus condiciones de vida. Solamente la existencia de estos diferentes y frecuentemente contradictorios objetivos por el carácter especial del hombre, y su combinación específica determina el grado con el cual un individuo puede alcanzar un equilibrio interno y puede contribuir al bienestar de la sociedad. Es muy posible que la fuerza relativa de estas dos pulsiones esté, en lo fundamental, fijada hereditariamente. Pero la personalidad que finalmente emerge está determinada en gran parte por el ambiente en el cual un hombre se encuentra durante su desarrollo, por la estructura de la sociedad en la que crece, por la tradición de esa sociedad, y por su valoración de los tipos particulares de comportamiento. El concepto abstracto «sociedad» significa para el ser humano individual la suma total de sus relaciones directas e indirectas con sus contemporáneos y con todas las personas de generaciones anteriores. El individuo puede pensar, sentirse, esforzarse, y trabajar por sí mismo; pero él depende tanto de la sociedad —en su existencia física, intelectual, y emocional— que es imposible concebirlo, o entenderlo, fuera del marco de la sociedad. Es la «sociedad» la que provee al hombre de alimento, hogar, herramientas de trabajo, lenguaje, formas de pensamiento, y la mayoría del contenido de su pensamiento; su vida es posible por el trabajo y las realizaciones de los muchos millones en el pasado y en el presente que se ocultan detrás de la pequeña palabra «sociedad». Es evidente, por lo tanto, que la dependencia del individuo de la sociedad es un hecho que no puede ser suprimido —exactamente como en el caso de las hormigas y de las abejas. Sin embargo, mientras que la vida de las hormigas y de las abejas está fijada con rigidez en el más pequeño detalle, los instintos hereditarios, el patrón social y las correlaciones de los seres humanos son muy susceptibles de cambio. La memoria, la capacidad de hacer combinaciones, el regalo de la comunicación oral han hecho posible progresos entre los seres humanos que son dictados por necesidades biológicas. Tales progresos se manifiestan en tradiciones, instituciones, y organizaciones; en la literatura; en las realizaciones científicas e ingenieriles; en las obras de arte. Esto explica que, en cierto sentido, el hombre puede influir en su vida y que puede jugar un papel en este proceso el pensamiento consciente y los deseos. El hombre adquiere en el nacimiento, de forma hereditaria, una constitución biológica que debemos considerar fija e inalterable, incluyendo los impulsos naturales que son característicos de la especie humana. Además, durante su vida, adquiere una constitución cultural que adopta de la sociedad con la comunicación y a través de muchas otras clases de influencia. Es esta constitución cultural la que, con el paso del tiempo, puede cambiar y la que determina en un grado muy importante la relación entre el individuo y la sociedad como la antropología moderna nos ha enseñado, con la investigación comparativa de las llamadas culturas primitivas, que el comportamiento social de seres humanos puede diferenciar grandemente, dependiendo de patrones culturales que prevalecen y de los tipos de organización que predominan en la sociedad. Es en esto en lo que los que se están esforzando en mejorar la suerte del hombre pueden basar sus esperanzas: los seres humanos no están condenados, por su constitución biológica, a aniquilarse o a estar a la merced de un destino cruel, infligido por ellos mismos. Si nos preguntamos cómo la estructura de la sociedad y de la actitud cultural del hombre deben ser cambiadas para hacer la vida humana tan satisfactoria como sea posible, debemos ser constantemente conscientes del hecho de que hay ciertas condiciones que no podemos modificar. Como mencioné antes, la naturaleza biológica del hombre es, para todos los efectos prácticos, inmodificable. Además, los progresos tecnológicos y demográficos de los últimos siglos han creado condiciones que están aquí para quedarse. En poblaciones relativamente densas asentadas con bienes que son imprescindibles para su existencia continuada, una división del trabajo extrema y un aparato altamente productivo son absolutamente necesarios. Los tiempos —que, mirando hacia atrás, parecen tan idílicos— en los que individuos o grupos relativamente pequeños podían ser totalmente autosuficientes se han ido para siempre. Es solo una leve exageración decir que la humanidad ahora constituye incluso una comunidad planetaria de producción y consumo. Ahora he alcanzado el punto donde puedo indicar brevemente lo que para mí constituye la esencia de la crisis de nuestro tiempo. Se refiere a la relación del individuo con la sociedad. El individuo es más consciente que nunca de su dependencia de sociedad. Pero él no ve la dependencia como un hecho positivo, como un lazo orgánico, como una fuerza protectora, sino como algo que amenaza sus derechos naturales, o incluso su existencia económica. Por otra parte, su posición en la sociedad es tal que sus pulsiones egoístas se están acentuando constantemente, mientras que sus pulsiones sociales, que son por naturaleza más débiles, se deterioran progresivamente. Todos los seres humanos, cualquiera que sea su posición en la sociedad, están sufriendo este proceso de deterioro. Los presos a sabiendas de su propio egoísmo, se sienten inseguros, solos, y privados del disfrute ingenuo, simple, y sencillo de la vida. El hombre sólo puede encontrar sentido a su vida, corta y arriesgada como es, dedicándose a la sociedad. La anarquía económica de la sociedad capitalista tal como existe hoy es, en mi opinión, la verdadera fuente del mal. Vemos ante nosotros a una comunidad enorme de productores que se están esforzando incesantemente privándose de los frutos de su trabajo colectivo —no por la fuerza, sino en general en conformidad fiel con reglas legalmente establecidas. A este respecto, es importante señalar que los medios de producción —es decir, la capacidad productiva entera que es necesaria para producir bienes de consumo tanto como capital adicional— puede legalmente ser, y en su mayor parte es, propiedad privada de particulares. En aras de la simplicidad, en la discusión que sigue llamaré «trabajadores» a todos los que no compartan la propiedad de los medios de producción — aunque esto no corresponda al uso habitual del término. Los propietarios de los medios de producción están en posición de comprar la fuerza de trabajo del trabajador. Usando los medios de producción, el trabajador produce nuevos bienes que se convierten en propiedad del capitalista. El punto esencial en este proceso es la relación entre lo que produce el trabajador y lo que le es pagado, ambos medidos en valor real. En cuanto que el contrato de trabajo es «libre», lo que el trabajador recibe está determinado no por el valor real de los bienes que produce, sino por sus necesidades mínimas y por la demanda de los capitalistas de fuerza de trabajo en relación con el número de trabajadores compitiendo por trabajar. Es importante entender que incluso en teoría el salario del trabajador no está determinado por el valor de su producto. El capital privado tiende a concentrarse en pocas manos, en parte debido a la competencia entre los capitalistas, y en parte porque el desarrollo tecnológico y el aumento de la división del trabajo animan la formación de unidades de producción más grandes a expensas de las más pequeñas. El resultado de este proceso es una oligarquía del capital privado cuyo enorme poder no se puede controlar con eficacia incluso en una sociedad organizada políticamente de forma democrática. Esto es así porque los miembros de los cuerpos legislativos son seleccionados por los partidos políticos, financiados en gran parte o influidos de otra manera por los capitalistas privados quienes, para todos los propósitos prácticos, separan al electorado de la legislatura. La consecuencia es que los representantes del pueblo de hecho no protegen suficientemente los intereses de los grupos no privilegiados de la población. Por otra parte, bajo las condiciones existentes, los capitalistas privados inevitablemente controlan, directa o indirectamente, las fuentes principales de información (prensa, radio, educación). Es así extremadamente difícil, y de hecho en la mayoría de los casos absolutamente imposible, para el ciudadano individual obtener conclusiones objetivas y hacer un uso inteligente de sus derechos políticos. La situación que prevalece en una economía basada en la propiedad privada del capital está así caracterizada en lo principal: primero, los medios de la producción (capital) son poseídos de forma privada y los propietarios disponen de ellos como lo consideran oportuno; en segundo lugar, el contrato de trabajo es libre. Por supuesto, no existe una sociedad capitalista pura en este sentido. En particular, debe notarse que los trabajadores, a través de luchas políticas largas y amargas, han tenido éxito en asegurar una forma algo mejorada de «contrato de trabajo libre» para ciertas categorías de trabajadores. Pero tomada en su conjunto, la economía actual no se diferencia mucho de capitalismo «puro». La producción está orientada hacia el beneficio, no hacia el uso. No está garantizado que todos los que tienen capacidad y quieran trabajar puedan encontrar empleo; existe casi siempre un «ejército de parados». El trabajador está constantemente atemorizado con perder su trabajo. Desde que parados y trabajadores mal pagados no proporcionan un mercado rentable, la producción de los bienes de consumo está restringida, y la consecuencia es una gran privación. El progreso tecnológico produce con frecuencia más desempleo en vez de facilitar la carga del trabajo para todos. La motivación del beneficio, conjuntamente con la competencia entre capitalistas, es responsable de una inestabilidad en la acumulación y en la utilización del capital que conduce a depresiones cada vez más severas. La competencia ilimitada conduce a un desperdicio enorme de trabajo, y a esa amputación de la conciencia social de los individuos que mencioné antes. Considero esta mutilación de los individuos el peor mal del capitalismo. Nuestro sistema educativo entero sufre de este mal. Se inculca una actitud competitiva exagerada al estudiante, que es entrenado para adorar el éxito codicioso como preparación para su carrera futura. Estoy convencido de que hay solamente un camino para eliminar estos graves males: el establecimiento de una economía socialista, acompañado por un sistema educativo orientado hacia metas sociales. En una economía así, los medios de producción son poseídos por la sociedad y utilizados de una forma planificada. Una economía planificada que ajuste la producción a las necesidades de la comunidad, distribuiría el trabajo a realizar entre todos los capacitados para trabajar y garantizaría un sustento a cada hombre, mujer, y niño. La educación del individuo, además de promover sus propias capacidades naturales, procuraría desarrollar en él un sentido de la responsabilidad para sus compañeros-hombres en lugar de la glorificación del poder y del éxito que se da en nuestra sociedad actual. Sin embargo, es necesario recordar que una economía planificada no es todavía socialismo. Una economía planificada puede estar acompañada de la completa esclavitud del individuo. La realización del socialismo requiere solucionar algunos problemas sociopolíticos extremadamente difíciles: ¿cómo es posible, con una centralización de gran envergadura del poder político y económico, evitar que la burocracia llegue a ser todopoderosa y arrogante? ¿Cómo pueden estar protegidos los derechos del individuo y cómo asegurar un contrapeso democrático al poder de la burocracia?

jueves 28 de junio de 2007

Carta abierta a un compañero de agrupación

Hoy un militante de mi Agrupación me ha comunicado que se da de baja por cambiar a otro territorio. Se trata de alguien muy especial. Su decisión es absolutamente respetable, yo diría que loable. Sólo quiero decirle Gracias. Gracias por tus clases magistrales sobre marxismo, sobre socialismo, sobre socialdemocracia en aquellas inolvidables pegadas, gracias por tu lealtad, gracias por tu capacidad de trabajo y de sacrificio, gracias por tus sarcasmos acompañados de tu inconfundible risa que ayudaron a soportar las injusticias evidentes, gracias por tu puño en alto y tu "salud y república", gracias por tu humildad, gracias por tu respeto y aprecio, gracias por tu coherencia con los valores que defendemos.

En definitiva, gracias porqué has sido, eres y serás un ejemplo para mí y muchos otros compañeros de la EST, de L'Hospitalet.

Por cierto, siempre serás de la EST, queridooooo.

jueves 21 de junio de 2007

Mi pueblo

Hoy quiero hablar de mi pueblo (no de mi libro).
Muchos de mis amigos tienen pueblo. Y he compartido con ellos vivencias comunes, historias de sus rincones de España donde se dejaron olvidadas bicicletas BH ó GAC, besos robados (lo dijo algún cantante), sangrías de verano en el río. Allí se encontraban gentes diferentes, amigos inolvidables, miles de historias vividas intensamente, ciclos vitales compartidos con contemporaneos que desaparecían de nuestras vidas en septiembre, en poco tiempo. Llegaba el verano y comenzaba la cuenta atrás para acudir y para volver. Había que aprovechar. Los SEAT o RENAULT de nuestros padres, (esos trabajadores incansables), que nos "teletransportaban" a un mundo diferente desde que saliamos del barrio impersonal de la gran urbe . El ritual del viaje, del traslado, de la ruta prevista, que se iba impregnando en nuestras memorias para siempre. Los enfados de la madre ( "no corras"), las paradas a comer el bocadillo, los saludos a los camiones adelantados (sólo a los que daban paso)... Las mariposas en el estómago me siguen recordando que sigo vivo. Con la edad, cada vez me visitan menos. Pero hay un momento en el que no fallan, nunca han dejado de acudir a la cita: cuando en el horizonte compruebo que llego a mi pueblo.

martes 6 de febrero de 2007

Festival de la M...

La mierda dijo:
¡Tenemos que recuperar el poder a toda costa!
La mierda genera MIERDA, y se reproduce en acciones MIERDOSAS, viva la mierda:
Y la mierda se puso manos a la obra:
¡Sí ya lo hicimos en el 94 contra Felipe!! Conseguimos ser doctor honoris causa de la MIERDA. Pero PILLAMOS el poder y nos dió tiempo a llenar de mierda hasta otros poderes del estado, bueno y la mejor mierda, lo de IRAK, como caen los moritos, cada día bombas, qué guapo, cuanta MIERDA.
Y la mierda se caracteriza por moverse como pez en el agua en su habitat, más MIERDA. Cuánta más mierda, más se beneficia la mierda.

PLAN DE CAMPAÑA DE LA MIERDA

- saca las banderas de EsssPAÑA, pasea a la víctimas del terrorismo (qué salgan sillas de ruedas, con Franco las usábamos en la propaganda, me lo ha contado mi padre), a por ellos oeeeee, oye toda la parte de mierda que teníamos escondida, qué salga coño, que ya no gobernamos,
sácala: viva la mierda: cope adelanteeeee, el mundo adelanteeeeeee, a ventilar MIERDAAAA, oye la corrupción ya no vale que se nos ve el plumero en Baleares, Galicia, Canarias, MAdrid (oh, Madrid, eso si que fue un buen pelotazo de MIERDA a tiempo, A ENMERDAR!!.......)
Y la mierda se iba extendiendo: ¡Zapatero al agujero con tu abuelo! , eso, eso... MÁS MIERDA
¡Oiga pero la Constitución la ponen en peligro, el tribunal constitucional debería reflexionar...! Y la mierda respondió:
nosotros? VIVA LA CONSTITUCIÓN!
¡Oiga pero si E-on es alemana, no DEFIENDE un grupo potente español ante el alemán, lo digo por su defensa a ultranza de España!
nosotros? VIVA ESPAÑA, VIVA LA PÀTRIA
¡Oiga pero esto es un estado de derecho Y VDS...!
nosotros? no, no!! nosotros somos la MIERDA y si el estado de derecho no está gobernado por la mierda, VIVA LA MIERDA y abajo el estado de derecho!!


NOTA DE ESTILO: Evidentemente disculpas por la reiteración y me he quedado corto.

martes 19 de diciembre de 2006

2006: MURIÓ EL DICTADOR CHILENO

Ha muerto Pinochet. Ha muerto el enemigo de los valores más respetados por el pueblo soberano y libre. Y que nadie se equivoque. Sus últimos años no debieron para él ser una retirada "digna". Se lo merecía. Una personalidad de esa calaña no acepta fácilmente que le "dicten" ( qué ironía de expresión en ester caso), no acepta, decía, que le impongan procedimientos. Y Garzón, y después otros ámbitos de la justicia chilena lo consiguieron. Me regocija pensar lo frustrante que le resultaría molestarse en preparar una defensa con argumentos basados en su estado de salud, él que había sido el representante del vigor y la fuerza, uno de los valores del fascismo por excelencia. Imaginemos sus declaraciones : "Ayyy, es que me encuentro mal, y no pienso con claridad..." maravilloso guión para un valiente militar. No, no debió morir tan contento, sus últimos años debieron removerle sus entrañas. Es verdad que no pagó todo el mal que hizo pero se tuvo que marchar sin honores de Estado y con una presidenta socialista a su cabeza. ¿No es el mejor final? Depende de como se mire.